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‘Acuarelas, pasteles y óleos’ de Emilia Martínez, en el Espacio Cultural El Molino de Almonacid

La pintora local Emilia Martínez expone en estos días, y hasta el 30 de marzo 21 cuadros, entre óleos, pasteles y acuarelas, en el Espacio Cultural El Molino de Almonacid de Zorita.

La muestra, con todos los protocolos antiCOVID19, se puede ver de lunes a jueves, de 19:00 a 20 horas, el sábado de 10:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 20:00 horas y domingo de 10:00 a 14:00 horas, hasta el próximo 30 de marzo.

La magia del lugar acoge ahora la ilusión de esta artista, que lo es desde niña. Se percibe en sus ojos, de color caramelo, y en la emoción de sus palabras, cuando habla de pintura. Para ella, es su forma de expresarse, de contar su interior. Una vida de trabajo, plena, le regala ahora el tiempo que necesitaba para dar rienda suelta a una vocación adormecida.

Esta de Almonacid es su primera exposición pictórica. Su familia, sus hijos y su marido, la han animado a mostrarla en público. De joven, Emilia quiso ser patronista, le gustaba la costura. E incluso llegó a matricularse en la Escuela de Artes Gráficas, pero no pudo ser. Se ha jubilado como administrativa sanitaria, y, como ella misma cuenta, al día siguiente de terminar su vida laboral, ya tenía hora para su primera clase de pintura en el Centro Cultural de Valdebernardo.

Así fue como recuperó viejas imágenes que le habían llamado la atención en sus viajes -recuerda especialmente uno a Venecia- y empezó a reproducirlas con un estilo figurativo muy personal, con acuarelas, pastel, e incluso también al óleo. Ahora, “ya nunca dejaré de pintar”, asegura.

Pinta en su casa, en Madrid, pero también en Almonacid, donde ahora pasa buena parte del año. A Emilia el tiempo se le detiene, deja de tener importancia, cuando tiene un pincel en la mano. Entonces, solo la tiene el reto de plasmar en el papel o en la tela la personalización de la imagen que tiene en su cabeza. “Tengo que ser capaz”, se dice a sí misma cada vez que se enfrenta a un nuevo “trabajo”, como los llama ella. Y con constancia, tesón, y sobre todo, con sensibilidad, lo consigue. Emplea en ello las horas que hagan falta. Al fin y al cabo, por primera vez en su vida, el reloj ya no es tan importante.

Después de cuatro años dando rienda suelta a su afición, tiene ya más de sesenta cuadros, y un montón de proyectos e imágenes más en espera de verse plasmados. No hay un tema o técnica concretos a los que preste atención por épocas. Simplemente, se ve atrapada por la fuerza de una imagen, y la reproduce de una manera muy personal.

“Para tener los trabajos en carpetas, mejor exponerlos y que los vea la gente”, dice animada también por las primeras excelentes críticas que está recibiendo de los almonacileños en los primeros días de muestra. La ilusión por mostrar públicamente su afición, incentivada por su familia, también se percibe en sus palabras desnudas por completo de ego. También por eso, además de por la indudable calidad artística de su obra, merece la pena darse una vuelta por el Espacio Cultural El Molino de Almonacid. “Me parece que es un lujo que los pintores de Almonacid tengamos un espacio como éste para mostrar nuestra obra”, termina.

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